Desde la experiencia

En esta entrada os compartimos un texto de Carmela Ruiz de la Rosa. Directora de Gestalt: Psicoterapia y Formación, docente y psicoterapeuta desde hace más de 30 años.

En él nos cuenta su experiencia en la incorporación de una mirada feminista para entender la construcción de las subjetividades, y un poco del camino que hay que recorrer para llegar hasta ahí. Darnos cuenta de lo propio es ineludible desde una posición gestáltica, lo que es lugar común con una posición feminista.

Agradecemos su esfuerzo, en pleno inicio de las vacaciones, y con él (texto y esfuerzo) queremos invitaros a compartir cómo ha sido también para vosotras/os/es, si es que habéis tenido un recorrido en este sentido. Queremos incorporar, en la entrada de lo vivencial, referencias más cercanas al mundo gestáltico. Gracias Carmela por inaugurar el camino.

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Yo me he nombrado como feminista desde hace mucho tiempo. Allá por el año 1986, según consta en mi curriculum, asistí a un curso denominado Nuevas perspectivas sobre la salud metal de la mujer. La socialización genérica en la familia y la escuela, organizado por el Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid. Ya había leído El segundo sexo de Simone de Beauvoir y asistido a la primera manifestación que se hizo en Madrid con motivo del 8 de marzo, por entonces Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Me denominaba “feminista”, nunca reflexioné acerca de lo que eso significaba en mi vida, ni en la vida de las otras mujeres muy a fondo. ¡Mucho menos en la de los hombres! Para mi bastaba con el postulado básico de pelear por una sociedad más igualitaria en la que las mujeres pudiéramos ser lo que quisiéramos ser.

Tuvieron que pasar muchos años, y encontrarme en otro momento vital y con otra pareja sentimental, para imbuirme de lleno en qué significa ser feminista, qué es el género y cómo nos atraviesa, ahora sí, a mujeres, hombres u otras personas con género fluido o que no se identifican en estas categorías.

Ahora sé que aquel primer curso transmitía una idea binarista de la sociedad, del género y de la sexualidad y que su orientación era más bien esencialista, acorde al momento histórico que estábamos viviendo. También sé que yo no estaba preparada para preguntarme acerca de la construcción de la subjetividad en relación a ese aspecto de mi experiencia. Para mí lo importante, en aquel momento, era la consecución de derechos sociales.

En la medida en que yo he ido profundizando en el concepto de “género” y observado cómo influye en la persona y en la sociedad, mi mirada y mi trabajo, tanto en consulta como en formación, ha ido cambiando. Comencé a ver cosas que no veía, a nombrar fenómenos que hasta ese momento me pasaban desapercibidos. Muchas de mis devoluciones ganaron en complejidad. Incorporé la importancia de la estructura en la creación de un modelo hegemónico heteropatriarcal, la importancia del conocimiento situado y su cercanía con el concepto de campo de nuestra orientación, observé las diferencias entre el “ser para otros” inculcado a las personas leídas como mujeres y el “ser para sí” inculcado a las personas leídas como hombres e introduje para observar, como polaridad básica, “dominio-sumisión”. Muchas de las cosas que tanto unas como otros contaban en terapia podían verse con un caleidoscopio de infinitos colores y formas.

Contar en el equipo del Centro con una persona experta en género hizo que hasta nuestra formación comenzaran a llegar personas diversas y en los grupos empezaron a darse fenómenos nuevos que tuvimos que ir aprendiendo a trabajar.

¿Qué cosas tuvimos que implementar?

Nuestro lenguaje cambió y comenzamos a incluir la “a”, abandonando el masculino genérico para dirigirnos al grupo. Aprendimos a utilizar la “e” para hablar a alguna persona, que no se sentía representada ni con la “a”, ni con la “o”. Hicimos visible que en Gestalt, donde la mayoría de las personas que se forman son leídas como mujeres, nuestro vocabulario no describe la realidad –de particular importancia en un abordaje que se fundamenta en el trabajo con lo obvio-, así que pusimos especial empeño y alguno de nuestros textos dan fe de ello.

Como equipo tuvimos que trabajar nuestros introyectos respecto al “amor romántico” y abrirnos a otros modelos que nos traían las personas a las que formamos. Nuestros grupos se plagaron de familias diversas y de orientaciones sexuales no hegemónicas que escapan a la matriz de inteligibilidad.

Por primera vez en años se me interpelaba desde lugares desconocidos. Todos los cursos hechos a la luz de la terapia gestalt, y no solo, buscando completarme más como terapeuta y la completitud vino desde donde yo menos la esperaba.

Para poder acompañar esta realidad tan diversa no tuvimos más remedio que seguir preguntándonos, como equipo docente, cómo nos atravesaba el género.

Eso tanto tiempo peleado en la AETG para dar visibilidad a los centros dirigidos por mujeres no era otra cosa que una muestra de lo que bullía dentro de mí.

De cómo me atravesaba el mito del amor romántico, de cómo había silenciado mi orientación sexual, de no negar y visibilizar mi posición de poder al ser la directora de una escuela, de cómo acoger en la misma mujeres migrantes racializadas y poner luz y reconocimiento a mi/nuestro lugar de privilegio y opresión con respecto a muchas categorías.

No fue algo que pasó de repente. De manera paulatina me/nos fuimos abriendo a una mirada más amplia y cogimos una linterna que nos permitió alumbrar rincones a los que hasta entonces, a pesar de estar llenos de polvo, no llegaba la aspiradora. Fue gracias a contar en el equipo con Azucena González que abrimos una puerta que, desde entonces, no hemos vuelto a cerrar.

Dejó de ser “natural” la diferencia entre ellos y ellas. Comenzó a hacerse figura la disparidad de exigencias sobre unos y otras. Y también que la realidad es compleja, en este sentido. Yo, por ejemplo, sufrí maltrato por una mujer que trató de destruirme, lo que me indicó que las violencias no son una sino muchas y que quien la ejerce siempre está en un lugar de poder desde el que trata de someter a la otra persona.

La cuestión de explicar la polaridad masculino-femenino en Gestalt se me complicó mucho y dejar de dar por natural lo que es claramente construido hace que dicha polaridad adopte distintas formas y deje de ser algo rígido e inamovible encubierto tras la idea transmitida de que todas las personas tenemos una parte masculina y femenina, como si eso fuera suficiente, como si con ese reconocimiento nos lavásemos las manos de transmitir patriarcado.

Cambió mi manera de afrontar el Taller de Sexualidad que impartimos en el Curso de Supervisión. Trasladar la idea de que las mujeres somos también sujetos deseantes, no naturalizar la heterosexualidad,… no es más que una pequeña muestra de introyectos que se escapan si no pones conciencia. Todas las categorías que tuve que cuestionar y reconvertir y que, hasta ese momento, aun sabiéndolo experiencialmente, transmitía, en ocasiones, sin darme cuenta.

Introyectos, prejuicios, homofobia interiorizada, interseccionalidad, ejes de opresión… todo lo tuve que visibilizar y mover para poder dar cuenta de aquellas personas que llegaban a GPyF. Personas trans de un lado al otro del continuo, algunas de género fluido, muchas casadas con personas de su mismo sexo, muchas viviendo en comunidad y con un proyecto político detrás… Hubiera sido una iatrogenia no adaptarse a este nuevo modelo de sociedad.

Ironías de la vida: cuánto más me adentraba yo en el camino del feminismo, más tenía que acompañar a feministas a deconstruir un feminismo que les constreñía, porqué sí, a veces el feminismo está cargado de deberías que incorporamos sin masticar.

¿Y qué decir del taller de figuras parentales? Pues que creo que para cuando lleguen los nuevos hijas/os/es a hacerlo será necesario cambiar su lenguaje porque no estará tan claro que haya un “papá” y una “mamá”, ni siquiera dos; habrá todo tipo de cruces en familias y muchos niñas/os/es.

Tengo especial cuidado con la Psicopatología que se imparte en el Centro para no transmitir, o al menos cuestionar en voz alta, el sesgo de género que destilan muchos manuales y, en concreto, los criterios diagnósticos del DSM, así como los propios diagnósticos que se realizan desde los centros de salud mental.

Desde luego mi forma de mirar ha cambiado y mi linterna alumbra más. Me he convertido en una persona más completa y, por tanto, en una terapeuta más completa.

No se trata de empujar a nadie hacia ningún lado, más bien de acompañar a gente que está en las orillas, en los márgenes. Escuchar otras narrativas y, realmente, me siento afortunada de acompañar personas tan diversas.

Saber que la estructura tiene un peso sobre la persona es algo obvio para la Gestalt, aunque algunas veces la Gestalt, o más bien quienes hacemos gestalt, lo obviamos. Ponerme las gafas moradas me ha permitido vivenciarlo e integrarlo y dar cuenta de mi propia biografía desde otro lugar.

Agradezco mucho a Azucena su esfuerzo por enseñar al equipo a mirar desde otros lugares y también haber asistido al curso de Psicoterapia Feminista y Transformación Social, que ha supuesto un repaso y una integración de los conocimientos adquiridos durante estos años. Por eso, cuento aquí una parte de mi experiencia, para poner en valor lo adquirido y contagiar, además de gestalt, feminismo.

6 respuestas a “Desde la experiencia

  1. Karmela:
    Gracias de nuevo por compartir tu experiencia en esto de ver con gafas moradas.Como siempre me emociona el escucharte; y sí, digo escucharte. Escuchar tu honestidad en la forma de compartir tus experiencias, escuchar tu camino en este alumbrar interno para poder alumbrar en lo externo. Escuchar tu poder de una manera sencilla, cercana, sincera… Escucharte y verte, no me deja impasible.
    Me has ayudado a seguir cambiando las pilas de esta linterna que hace por quedarse obsoleta.

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  2. Un placer disfrutar y conectar con el espiritu matriarcal y feminista de la gran mujer y activista que eres Carmela. La mejor! Integras el discurso gestáltico y feminista incorporando el género con una vision social y futurista. Una mirada de mujer consciente al dolor derivado del patriarcado en nosotras. Gracias por recordar e inspirar el poder y liderazgo de mujer inmersa en un mundo que estamos cocreando.

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