Los Mandatos de Género y los Introyectos.

En la entrada de hoy os transcribimos un texto de Mabel Cuevas Gómez, Terapeuta Gestalt, cuyo título es “Los mandatos de género y los introyectos”. En él, basándose en su experiencia personal y su proceso gestáltico, nos habla de los mandatos e introyectos relacionados con el género.

Le agradecemos el esfuerzo por escribir y compartir su proceso y sus aprendizajes con este blog, y a través de él, con la comunidad gestáltica. Esperemos que os resulte tan enriquecedor como a nosotras.

Los mandatos de género y los introyectos.

Uno de los temas principales de mi tesina fue relacionar la ausencia (per se) de la conexión con el Hara entre la mayoría de las mujeres. Por supuesto, también se da en los hombres. Pero creo que las mujeres lo tenemos más complicado, al menos en lo que concierne a estar conectadas con nuestra fuerza interna e instinto.

(El Hara es un centro energético situado a la altura del segundo chacra, cuando estamos en contacto con nuestro Hara, nos conectamos con nuestro Ser).

¿Por qué eso es así, podríamos preguntarnos? ¿Porqué de una generación a otra se transmiten una y otra vez algunas cosas? ¿ Por qué, ciertas de “esas cosas”, suelen estar dirigidas casi exclusivamente a las mujeres, sin ni siquiera ser mujeres ya que nos las cuentan siendo niñas? , lo que ya sabemos, en la infancia se quedan grabados en la memoria todos los mensajes, sensaciones, etc.…es decir, se ¡introyecta!

Podría seguir haciendo preguntas al respecto, y la respuesta siempre va a ser la misma: Los mandatos de género, de los cuales, hombres y mujeres estamos afectados y si me lo permitís: “contaminados”.

En este artículo voy a centrarme en el mundo femenino, no porque desconozca el masculino, no es mi caso, me crié con ocho hermanos varones durante mis primeros nueve años, luego nació mi única hermana. Así que me siento legitimada para escribir a cerca de uno y otro.

La transmisión de los valores familiares, la cultura y el mundo educativo, para los que ya tenemos una edad madura, nos han influido hasta la saciedad. Al punto de que en mi propia piel, he vivido la presión (invisible y a veces no tanto) y he sentido la profundidad de lo introyectado en los temas de género, y no porque mi padre o mi madre me hubiesen pedido, sugerido, seducido, para que yo me encargara de su cuidado, en absoluto, mi madre afortunadamente enseñó a todos sus hijos las tareas de la casa, hasta que yo alcancé los 12/13 años, edad en la cual mis seis hermanos mayores empezaron a escaquearse de lo que podían, afortunadamente mi hermano menor y yo, (nos llevamos solo un año), tomó otro camino: el de la empatía.

Mi madre comenzó a apoyarse más en mí.

Curioso, ¿no? En ese momento el mandato de género ya estaba actuando de manera invisible e inconsciente. A parte de otros matices que sin duda podemos añadir, la empatía, la excesiva responsabilidad, etc.…el caso es que yo me sentía responsable de ayudar a mi madre y culpable si no lo hacía.

La transmisión de la “ayuda” y el “cuidado” del otro, ha sido y es hoy, patrimonio de lo femenino. De manera que, si eres mujer, lo llevas en la sangre, y si no lo llevas, no está tan claro que seas una buena persona. Y si eres hombre, hasta puede que el resto de los hombres te miren con cierto recelo, no se sabe si por sentimiento de culpabilidad, o porque lo que ven en el espejo no cuadra con la imagen interna (deseada o negada).

“Aunque parezca mentira…” , aprovecho el estribillo de una canción para seguir escribiendo y decir que se sigue trasmitiendo a las niñas de hoy en día, no a todas evidentemente, pero si a la mayoría, que el cuidado es cosa de mujeres. Que nosotras no debemos destacar en ser agresivas, ni mostrar demasiado la fuerza o el poder (fijémonos en los techos de cristal de las altas ejecutivas, o cargos en general) y por el contrario de alguna manera se repiten increíblemente patrones de sumisión, de cuidado, de asumir con excesiva carga, las tareas del hogar. A mi parecer se ha potenciado la moderación, y la imagen “femeninoide” en las mujeres década tras década. ¡Cómo si no, sigue habiendo adolescentes de ambos sexos repitiendo patrones calcados a los de sus padres y madres o abuelas y abuelos!

En fin… al menos las y los gestaltistas hemos podido atravesar algunos de ellos (patrones) al trabajar los introyectos, pero como dije al inicio, los mandatos de género van más allá y por mucho que una sea consciente, yo asumí, en los inicios, la organización del cuidado de mi madre, debido a la presión invisible o no tanto, yo soy “la chica”, además de profesión Trabajadora Social, conclusión: ¿Quién mejor que tú? Junto con mi propia introyección de género: soy la persona más indicada, por lo obvio, me dedicaba al tema social, además soy la hija, mis hermanos me colocaron de “hermana mayor” y mi ego se sintió atendido. Menos mal que en esa época comencé la formación en Constelaciones Familiares e integré ocupar mi lugar, traspasando el ego, los introyectos, y lo más duro fue: ¡la Culpa!, la maldita culpa, que estoy segura de que es un introyecto de género dentro del ámbito de la ayuda.

Además, mirar a mi modelo, mi madre, que asumió el cuidado de mi padre, con total entereza, resolución y destreza. Él no quería ninguna otra ayuda para sus necesidades personales, y ella ya tenía ochenta años, sacó las fuerzas necesarias y lo atendió hasta el final, mi padre murió muy rápido, quiero imaginar que esa fue su manera de cuidarla. Fue un final tranquilo, esperado.

Retomando el hilo, la cultura y la sociedad en general no ha penalizado a los hombres fuertes, duros, decididos, agresivos, etc. más bien todo lo contrario, y algunos, en ocasiones, la fuerza la han convertido en abuso, nadie puede negar que hubo y hay violencia de género.

(Por el contrario, un modelo de hombre femenino no ha gozado en general, de ser bien visto y valorado por la sociedad hasta bien entrado el siglo XX).

Si, me diréis que todos somos, tenemos, agresividad, efectivamente, solo que estoy hablando acerca de los mandatos de género y de cómo estos han dado formas diferentes de actuar a hombres y mujeres. La realidad, nos muestra que el género masculino puede culminar la violencia matando a sus “mujeres” cuando se sienten agraviados, traicionados, o lo que sea, o por un simple “eres mía, o de nadie”, ¿qué esconde esta frase? Una de las lecturas es: “yo como hombre tengo derecho sobre ti, que eres solo una mujer”. Es un hecho que la sociedad cambia, es cierto que los valores también, por supuesto, es real que la mayoría de los hombres se “apearon” de la violencia, y también lo es, que, hoy, las mujeres gestaltistas o no, seguimos cargando en lo profundo con mandatos de género, en relación con “el cuidado”, muy potentes.

Ojo, no me refiero a la crianza de los hijos, ese es otro tema que no quiero tratar en este momento, sería extenderme demasiado.

El proceso de socialización de género en el que los estereotipos sexistas se transmiten desde la familia, junto con los medios de comunicación y la sociedad en general, ha perpetuado que un número de mujeres sigan con actitudes de “niñas”, siendo mujeres adultas y capaces.

Había pensado no escribir demasiado acerca de mí, pero no se me ocurre mejor manera de transmitir que basándome en la propia experiencia. Espero no resultar aburrida.

El núcleo de mi tesina ha sido deshacer uno de los ejes-nudo que ha tenido más importancia en mi vida:

El introyecto paterno llegó sin palabras, solo con las expresiones de su cara me llegaba el mensaje: “eres una niña, tienes que ser más femenina, así no me gustas”.

INSTINTO / FUERZA = POCO FEMENINA.

Lo esencial para mí fue resolver la ecuación de los siguientes estereotipos:

<si fuerte=masculino y débil=femenino, entonces: mujer fuerte=masculino>

En este caso mi padre (también víctima de los mandatos de género), proyectó sobre mí una imagen “al uso” de cómo debía ser una niña (imaginadme entre los dos y los nueve años, jugando con mis hermanos a los juegos de chicos).

Crecí y fui perdiendo autoestima, hasta llegar a la rebeldía del “me da igual lo que pienses de mí, papá”, una forma poco útil, aunque efectiva, de protegerme. Y construí una magnífica coraza, fuerte y dura por fuera, tierna por dentro.

El resultado del trabajo gestáltico y la práctica de conexión con el Hara me llevó a afirmar que:

< la fuerza y la conexión a su instinto no hace a la mujer menos femenina, al contrario, pienso que la completa, la redondea, la hace incluso más atractiva >

Tendría que entrar más a fondo en lo que significa estar conectada a mi Hara, pero confío que nadie tendrá dudas, quiero creer que, si algo hemos alcanzado con la formación en terapia Gestalt y la terapia del proceso personal que hemos hecho, es poder conectarnos a nuestro Hara, aunque sea a ratos.

A saber, en palabras de K.G.Dürckheim: “contactar con tu Hara es contactar con tu fuerza (la fuerza Ki, no física, que da saberse sostenido por las propias piernas, al sentirnos asentados a la Gran Natura), la presencia (la que nos posibilita el darnos cuenta) y el instinto (que nos da la capacidad de actuar). De esta manera nos sentimos en equilibrio y satisfacemos nuestras necesidades.

En resumen, es contactar con el Ser, como describe ampliamente Karlfried Graf Dürckheim en su libro “Hara”, en mis propias palabras, es decir al mundo: “aquí estoy, este es mi espacio, es para mí y tengo muchas más cosas que mostrar y compartir”.

Entonces resulta obvio, que el proceso terapéutico y la Gestalt ayudan a traspasar algunos mandatos de género, tal y como apunté al inicio y a hacernos responsables, cada cual de si y de su vida.

Tomo ahora unas palabras del Maestro Claudio, él decía que la responsabilidad es: “eso que no es un deber ni una obligación, sino un hecho”.

Y los hechos hablan, los condicionantes que acompañan a los mandatos de género siguen afectando a la población en general.

No quiero caer en tópicos… e insisto, el bebé niña, vestirá rosa entre algunos otros colores, y el bebé niño, con seguridad tendrá algo azul, y cuando estos bebés tengan tres o cuatro años, jugarán con juguetes tal vez parecidos, y cuando lleguen al cole, socializarán y con seguridad irán cambiando de hábitos, de juegos, de valores, y vuelta a empezar…

La construcción del género no es una ilusión, es tan real que resulta muy complicado deshacerse de ello. Y dado que somos profesionales nos tendremos que mirar con “lupa”, para no contribuir a la perpetuación de patrones de género, cosa que se detecta en los trabajos encaminados a ver el “curriculum oculto”, a los que me he dedicado en el pasado con bastante éxito, sobre todo entre los docentes, porque a hombres y a mujeres nos afectan, nos limitan y nos encorsetan. Y desde luego somos responsables de, no solo reconocer los introyectos en general y los de género en particular, sino que además debemos de traspasarlos, y a veces eso también significa limar con una lima del 15’ a tu ego.

No se termina nunca este trabajo personal, quien crea lo contrario yerra. Si estamos verdaderamente en la atención del momento presente, podemos percatarnos de lo sutil, lo que se escapa de manera automática…os lo aseguro no es nada fácil, son siglos de aprendizaje.

Ánimo y a seguir con la conciencia abierta y con la coherencia activa”.

Mabel Cuevas Gómez

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