Claves. La Pata Brava.

Esta semana os compartimos un testimonio, escrito por Edurne Baeza San Martín, terapeuta gestáltica entre otras muchas cosas. En él nos relata el proceso de cómo encontró Las Claves de sus proyectos, y cómo nace y crece La Pata Brava. Os dejamos con él.

CLAVES

Esa mañana me desperté con mi propia voz repitiendo: “3 corazón 14, 3 corazón 14, 3 corazón 14…”

Por la tarde tenía sesión de terapia con A.. Le conté lo que recordaba de mi sueño, siguiendo sus indicaciones gestálticas: “Edurne, cuenta el sueño en presente y en primera persona” Así lo hice:

Salgo rápida del bar, me quiero ir de aquí, no me encuentro a gusto ni en este sitio, ni con la gente con la que estoy. No es mi lugar. Al salir veo que acaba de parar un taxi frente a la puerta para dejar a su pasajera, una mujer joven y rubia. Ella sale por la puerta de atrás que da a la carretera y en cuanto lo hace, yo abro la otra puerta trasera. Meto primero mi bolso para sentarme a continuación, pero no me da tiempo. La conductora, otra mujer joven y rubia, arranca dándose a la fuga ante mis narices, con la puerta que yo he abierto dando bandazos y con mi bolso dentro. Me quedo paralizada y angustiada viéndola marchar. La mujer que acaba de abandonar el taxi se acerca y me dice que me quede con la matrícula para recuperar mis cosas importantes. Es un taxi amarillo huevo, estilo neoyorkino. Miro la matrícula. Veo esto:

Comienzo a repetir en voz alta, tratando de registrarlo en mi memoria para recuperar mis cosas importantes”. 3 corazón 14 es la clave para recuperar mis cosas importantes. Vale, si. Pero qué es 3 corazón 14.

Poco tiempo después, todavía en 2014, nos reunimos de nuevo las 3. Esta vez tocaba en Valencia, en casa de Cris. Amaya venía de Alicante y yo de Madrid. Como siempre, a los pocos minutos de encontrarnos ya estábamos contándonos en qué andábamos y creando fórmulas para poder ser libres y hacer lo que desde chicas nos dió felicidad en la vida y deseábamos fuertemente: “crear”. Fantaseamos con crear un cachivache que Amaya bautizó “Materializador de sueños” Poco tiempo después lo hicimos.

Las 3 estábamos en un momento vital en el que nos sentíamos encarceladas y ahogadas en nuestros trabajos, sin poder realizarnos en nuestras pasiones, sin tiempo para poder “respirar” a nuestra manera, en fin. Nada raro. Anhelábamos tiempo para esos momentos de plenitud, conexión y disfrute que encontrábamos desplegando nuestros mecanismos creativos, donde sí podíamos reconocernos a nosotras mismas, viviendo nuestra propia y elegida vida.

Pero al menos ese fin de semana, nos teníamos las unas a las otras y nuestra creatividad abierta en canal, dándonos el gusto. Como siempre, esa tarde nos terminamos las frases, nos animamos, nos confrontamos las cobardías y los trampeos, y sobre todo nos propulsamos para desplegar nuestras creaciones (textos, vídeos, ilustraciones, proyectos…) Volvimos a inventar fórmulas para escapar de nuestras cárceles y poder dedicarnos a nuestras pasiones. Siempre lo hacíamos y lo seguimos haciendo. Cada encuentro de estos, tiene algo en común. Empezamos contandonos y de algún modo lamentándonos por lo que no marcha en nuestras vidas. A continuación, le miramos las tripas al asunto y nos lanzamos a crear fórmulas para sacarnos de ahí. Cuando se nos acaba el tiempo, nos damos cuenta de que el atajo aún está por llegar y que el camino vuelve a ser árduo y escarpado. Nos vamos sin haber encontrado de nuevo la panacea. En aquel momento, aún no sabíamos que desear es conjurarse y que nosotras éramos unas valientes deseantes, arraigadas en la vida y esto, son buenos ingredientes. Tampoco sabíamos que en este fantasear periódico, fuimos dibujando los pasos a dar. Gracias a todo esto, hoy podemos dedicarnos a nuestra pasión no solo desde lo personal, también a nivel profesional.

Nuestra complicidad viene desde la niñez, y nuestro vínculo desde antes de nacer. La creatividad la llevamos en la sangre, literalmente. Aquella tarde el amor me tomó. Me tomó como me toma siempre que nos juntamos en estos espacios de calidad, para nosotras; sin nadie más, sin interferencias, sin prisas… Me sentí afortunada por tenerlas y sentir lo que llevaba toda la vida sintiendo cada vez que el triángulo se rearmaba. Entonces recordé mi sueño. “3 corazón 14” es la clave para recuperar mis cosas importantes. Todo lo que en ese salón se estaba dando, era la clave para recuperar mis cosas importantes: nosotras 3, sentirme querida, arropada, apoyada, escuchada, legitimada, comprendida… Era mi clave para recuperarme a mí, para poder ser, para poder escucharme, sentirme, desplegarme creativamente y legitimarme. Ahí sí que estaba yo.

Les conté el sueño y mi búsqueda de su significado. Las 3 saltamos emocionadas, empezamos a berrerar y a gesticular: “qué fuerte, además es 2014” A ellas les sucedía como a mí. Allí sí estábamos las 3. En clave 3. Este es el nombre de mi actual proyecto y evidentemente, no es casual.

Esa tarde decidimos conjurarnos. Decidimos dejarnos de tonterías y darnos más espacio para desplegarnos creativamente en lo cotidiano. También decidimos compartirnos más, apoyarnos activamente entre las 3 en este sentido, meternos caña para crear esas cosas que ya latían como borrador. Yo por aquel entonces libraba domingos y lunes. Decidí dedicar los lunes única y exclusivamente a crear. Cuando me llamaba alguna amiga para proponer plan, le decía que no podía, que estaba en plena faena de “Lunes creativo” y me daba mucho gusto. Nunca los lunes fueron tan disfrutados como los de aquella etapa, en aquella diminuta buhardilla de Lavapiés.

Cada una de nosotras se consagró a lo propio y a lo común. Y entonces nació La Pata. Le antecedió un pato, pero la desidia lo mató, y así, Amaya se encontró con Ella, con La Pata Brava.

Amaya, por aquel entonces estaba trabajando en una empresa en la que le trataban muy mal. En algunas de las mil horas muertas de encierro frente al ordenador, empezó a poner cara, cuerpo y a veces palabras a su resiliencia. lustraba su sentir, (se) ilustraba a ella.

Empezó a crear sin parar. Nos enviaba fotos diarias de Las Patas que dibujaba en su pequeña libreta, que ahora es en sí misma una obra de arte.

Nosotras alucinábamos con la maravilla que estaba saliendo de ella desde la ponzoña en la que se encontraba. Se lo hacíamos saber con claridad meridiana. Le animábamos a seguir y a crear una web donde compartirla con “ el mundo”.

Lo que más nos costó siempre, como “buenas mujeres” hijas del patriarcado que somos, fue legitimar nuestro potencial. El techo de cristal nos trampeaba el movimiento. Nos costaba dar ese paso al frente. Nos temblaban las piernas solo con pensar en hacer algo con nuestras creaciones, que pudiera significar un “creo que lo mío puede valer y es digno de ser mostrado” La suerte de tenernos como espejos, es que si bien una no se ve la nuca a sí misma, las otras dos sí. Y esto es sororidad y feminismo. Reconocerlo, es abrir la posibilidad a recuperarnos, porque todas estamos en lo mismo, o muy parecido. Nos cuesta mucho afirmarnos. A las mujeres se nos ha educado para estar en la sombra. Y por eso el feminismo nos está salvando la vida en tantos sentidos. Por eso le regalé el dominio de la web por su cumpleaños, para que no hubiera excusas. Si ella no se atrevía, nosotras si. Y si Cris y yo nos atrevíamos, ella también y al revés. Juntas sí podíamos hacer, cada una lo propio.

Si se ven Las Patas en la página web (de abajo arriba, de las más antiguas a las más actuales) es muy bonito observar la evolución, en la forma y en el contenido que recogen cada una de ellas. Y es que va a ser cierto eso de que de nuestras heridas brotará nuestro mayor potencial. En la primera etapa, Las Patas son más rudimentarias y desde mi punto de vista muestran mucho de este proceso de crisis laboral y existencial; la necesidad de rescate, el inmovilismo… Se ve también el proceso de toma de conciencia y deseo de movimiento hacia la salud; el vaciamiento o punto cero.

Con el paso del tiempo, Las Patas se han ido desarrollando y haciendo cada vez más finas y afinadas.

La Pata se empodera,

disfruta,

explora, cuestiona

y propone.

Va sacando su parte ácida, reivindicativa, feminista, humanista, animalista, tierna, lúcida…

La Pata crece y su humana también. Amaya y su Pata vuelan hoy abriendo nuevos horizontes creativos y profesionales. Ambas se sacaron de aquella esclavizante y deshumanizada empresa y no solo eso. Amaya hoy materializa su sueño de vivir creando. Se va desarrollando y desplegando despacito y sin pausa; a paso auténtico y firme. Ahora, La Pata Brava inicia una ilusionante y nueva andadura. Entre otras cosas está embarcada en el proceso de creación de una obra de teatro, un monólogo en el que la actriz y La Pata serán coprotagonistas. Se estrenará en enero. Pinta muy potente y promete rodar por muchas tierras.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y aún con tanto verbo derramado en este texto, creo que La Pata Brava, es ejemplo vivo de lo que intento expresar: creatividad, resiliencia, coraje, amor, feminismo, claridad, acompañamiento, red; apoyo a lo sano, confrontación de lo neurótico; desear, esperanza, vida.

Nosotras ahora nos hemos emancipado. Las 3 volamos con alas propias. Ya no necesitamos que una de las otras dos empuje para alzar el propio vuelo. Aunque siempre nos da gusto compartir y no dejamos de inspirarnos y alentarnos. Nos hemos integrado las unas a las otras. Ahora nos llevamos puestas. Hemos podido dar nuestros propios pasos adelante. Nos hemos atrevido a afirmar nuestra pasión y nuestro arte, para compartirlo con a quién le diga algo. El miedo está ahí, el susurro detrás de la nuca diciendo “eres una estafa” no se fué. Pero ya sabemos para qué sirve ese susurro. Ya hemos vivido en carne propia las consecuencias del trampeo: seguras, encarceladas y muertas de desidia. Y además ahora, yo ya no escucho solo el susurro del miedo, ahora hay más voces. Y aunque esto pueda sonar paradójico, resulta fantástico. Escucho casi cada día otros susurros, el de Amaya y Cris diciendome “Dius (así me llaman) vuela tú, atrévete, ya no nos necesitas”. Y así lo he hecho yo también, y nunca he sido más feliz en mi trabajo.

Seguimos lidiando con viejas neuras, miedos y mandatos de género que se pretenden paralizantes, claro que sí. Pero ahora bailamos con ellos, como decimos en gestalt. Ahora entre paso y paso, nos seguimos desplegando y encontrando, creativamente, cada día. Porque esta es una de las claves para recuperar nuestras “cosas” importantes.

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