Las Horas

En la entrada de hoy, la última de Agosto, os recomendamos una película, “Las Horas” (2002) de Stephen Daldry, basada en la novela homónima de Michael Cunninghan, en que se desestructura la novela “Mrs Dalloway” de Virginia Woolf.

La vida de una mujer en un solo día…y en ese día, toda su vida.

No se puede encontrar la paz, evitando la vida..

Virginia Woolf

Esta película que os recomendamos es un clásico en toda regla del cine contemporáneo. Una película redonda, en la que su temática, su guión, su banda sonora, su magistral ritmo y montaje, y sus inmejorables interpretaciones, nos agarran el alma y no la sueltan. La trascendencia de su profundidad emocional nos parece una experiencia a compartir y difundir, un ejemplo de lo que Betty Friedan llamó “La mística de la feminidad” (1963).

Betty Friedan analizó la sociedad norteaméricana de los años 50 y señaló el conglomerado de discursos y presupuestos tradicionales acerca de la feminidad que obstaculizan el compromiso intelectual y la participación activa de las mujeres en su sociedad, siendo abocadas a ser madres y esposas, y viéndose anfitrionas de fiestas en que se establecían las relaciones por las cuales el marido podía progresar. Estas mujeres, blancas y acomodadas, sufrían de severa soledad. Friedan teorizó en su análisis sobre “el malestar que no tiene nombre”.

Este malestar que no tiene nombre está detrás de muchos de los diagnósticos actuales en salud mental, cuyo sesgo de género es evidente, y sobre el que han teorizado múltiples autoras.

Las Horas arranca con Virginia Woolf (Nicole Kidman) escribiendo las primeras líneas de su novela Mrs Dalooway, que comienza a leer esa mañana Laura Brown (Julianne Moore) y que parece encarnar Clarissa Vaughan (Meryl Streep). A partir de ahí el cruce temático articula esta obra maestra, y el tema no es otro que el malestar de estas tres mujeres, de su “Mística de la Feminidad” en sus respectivos momentos históricos: Principios del s.XX y los logros, tras la 1ª Guerra Mundial, de las décadas de lucha Sufragista en Inglaterra. Los años 50 en los suburbios de Estados Unidos, tras la 2ª Guerra Mundial, en una sociedad fordista. Y finalmente el inicio del s.XXI, en que el arquetipo de mujer del nuevo siglo se representa en la independencia económica, en la trabajadora, en la libertad sexual, en el lesbianismo vivido abiertamente… una situación apenas imaginable por aquella Virginia Woolf autora de “Un cuarto propio” (1929).

Tres mujeres en tres momentos históricos correspondientes a las tres olas del feminismo, y el dolor subjetivo del ser para otros, en el viaje desde un momento en que el afuera era un mundo de derechos a conquistar hasta el momento en que el adentro es un mundo de derechos a habitar.

El tutelaje al que se ve sometida Virginia Woolf en esta película se fundamenta en el paternalismo con que es mirada por su marido y por su sociedad, por ser mujer y por padecer sufrimiento psíquico. Tiene que luchar por poder tener una mínima decisión sobre sí misma. Este paternalismo se hace más difícil de entender a mediados de siglo, en la figura de Laura Brown, que no sabe qué le pasa, que no puede tomar decisiones, pues su decisión la pone ante la vida (ser para sí y abandonar) o la muerte (seguir siendo para el otro, dejar de ser definitivamente). Los condicionantes explícitos sobre la libertad se han desdibujado para Clarissa, que en el 2001 ha visto los cambios que supusieron las revoluciones sexuales de los años 60´s, la epidemia del SIDA, la píldora, la consecución de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, y de los derechos civiles y colectivos de las minorías étnicas y lgtb, las mujeres en cargos públicos y con carreras de éxito… Y sin embargo ella es, Clarissa, quien en esta película encarna a la Mrs Dalloway de Woolf, quien acusa la mística de la feminidad de Friedan, quien en lo subjetivo sufre del vacío y la soledad innombrables, que asfixian.

Tres mujeres en tres momentos, en un sólo día de sus vidas, y en ese día, toda su vida. Y en ese día, la historia de las mujeres blancas occidentales en el siglo XX.

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