Lúa: música, compromiso social y feminismo

Lúa Sua, es cantautora, es de Almería y sus canciones están llenas de activismo y feminismo. En esta ocasión la hemos invitado a compartir su experiencia gestáltica y cómo ésta ha influido en la composición de su música.

” El feminismo llegó antes a mi vida. Tenía unos 20 años y era una alumna de sociología que empezaba a poner nombre a cosas que no sabía cómo expresar. Yo había sentido esa sensación que hace que te cambies de acera cuando ves a un grupo de chicos a lo lejos, ese miedo cuando volvía sola a mi casa a ciertas horas o esa dificultad para decir que no en determinadas situaciones que a mis amigos varones les costaba tanto entender. Descubrir el feminismo fue poder poner nombre a lo antes invisible y se abrió un mundo nuevo para mí. Tuve la suerte de estar estudiando sociología porque pude empaparme de todo aquel conocimiento que me ofrecía la academia y que ponía una base a mi experiencia.

Años más tarde algunas de mis amigas se aventuraron en el viaje de la Gestalt hasta que por fin, en 2017, me animé yo. Al adentrarme en el mundo gestáltico tuve una sensación parecida a la que había tenido al descubrir el feminismo: me daba la capacidad de poder nombrar lo que ya antes estaba en mí pero yo era incapaz de ver. Una nueva forma de mirar se abría.

Unos de los primeros darme cuenta que me marcó fue ver cuántas veces utilizaba el enfado como recurso para tapar otras emociones, en especial la tristeza. Entendí que si quería hacer algo diferente y poder vivir más plenamente debía aprender a colocar las emociones donde correspondía. Aún más potente fue ver cuántos enfados vivo con culpa y cómo me los trago y, aunque es mi responsabilidad hacer algo diferente con ellos, me sirvió de mucho tener una mirada feminista que le da estructura a lo que me pasa. Y es que desde el prisma adecuado podremos ver que a las mujeres se nos permite menos el enfado que a los hombres, hablando en términos binarios, así que aprendemos a expresar de otras formas lo que sentimos para adaptarnos a la sociedad en la que vivimos. No se trata de hacer generalidades, no es lo que pretendo, pero si nos sirve ahondar en el imaginario social, que está atravesado por formas patriarcales, para después irnos a lo micro y ver a la persona que tenemos delante con su vivencia concreta. De esta reflexión nacería la canción “Cómo un estallío”.

Tiempo después, una amiga que también hace música, y a la que admiro profundamente, me dijo que estaba harta de ver cómo las personas a las que nos han asignado el género mujeres al nacer hemos interiorizado el mensaje de que tenemos que competir entre nosotras para ser vistas. Tenemos muchos referentes en la literatura infantil, por ejemplo, de mujeres que compiten entre ellas para conseguir el poder o a un hombre con el que casarse. La sirenita y Úrsula o Blancanieves y la madrastra son sólo algunos ejemplos de cuentos con los que crecimos. A la vista está que no siempre actuamos de esa manera pero nos han faltado referentes, y no porque no existan, sino porque esas historias, hasta hace dos días, estaban invisibilizadas. Y como tanto en Gestalt como en el feminismo sabemos lo importante que es hablar desde la experiencia, elaboramos una canción. Nosotras éramos el ejemplo de que otras relaciones son posibles. Y si bien la Gestalt vendría a señalar que todas las personas podemos sentir envidia en un momento determinado, el feminismo vendría a señalar que los relatos tienen género y esto a su vez contribuye a perpetuar el orden establecido. Es decir, a mí la Gestalt me ha enseñado a no juzgarme si siento envidia y a poder nombrarla y decidir qué quiero hacer con ella, de una manera consciente. El feminismo, por su parte, me hace preguntarme dónde estoy colocando mi deseo y qué estructuras de poder alimento con ello. Así que si juntamos feminismo y Gestalt nos sale una ecuación cuasi perfecta porque estamos atendiendo tanto a lo individual como a lo colectivo.

En esta ocasión nosotras lo tuvimos claro. Ya no nos interesa quedarnos sólo en el papel de musas, también queremos ser creadoras y más cuando se trata de nuestras propias historias. Tenemos mucho que contar porque hemos estado mucho tiempo silenciadas así que nos pusimos manos a la obra y creamos “Mis pisadas”. No sólo nos ha servido a la hora de poder accionar otros discursos que sirvan como ejemplo, sino que también ha puesto de manifiesto que nosotras ya formamos parte del cambio.”

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