Feminismo, psicología y sociología.

La estrecha relación entre las perspectivas psicológica, sociológica y política. Feminismo, psicología y sociología” es un artículo de Marta Domínguez Pérez, socióloga y gestaltista, que ha escrito explícitamente para este blog. Os dejamos con él:

Una de las preguntas que me he hecho desde siempre en este mundo de las terapias es hasta dónde llega lo individual y hasta dónde lo social, qué hay de individual y particular en cada caso y qué de social. Cuando uno habla en terapia, ¿hasta dónde es propio y hasta dónde es social?. Y así por ejemplo, hasta dónde el complejo y la inseguridad femeninas son particulares o son una forma aprendida, hasta dónde los conflictos con la pareja en el hogar de una paciente no se están repitiendo una y otra vez de distinto modo en otras pacientes, por qué tantas mujeres idealizan al hombre buscando el padre anhelado, hasta dónde se repite entre las mujeres el mismo patrón de inadecuación y baja autoestima por sentirse diferentes del canon estético dominante; y también hasta dónde el hombre repite que no tiene amigos íntimos en su afán por demostrarse el-que-todo-lo-puede-y-nada-necesita, hasta cuánto se siente frecuentemente protector y evita el demandar protección, etc… Y también por qué se siente uno inadecuado si no responde a los cánones binarios masculinos o femeninos y no de otro modelo, etc.

En terapia. Imagen de la autora.

Todo esto son estructuras que afectan a todos los sujetos, sin diferencias por género. Este tema es una eterna disputa, ya planteada desde hace mucho tiempo por la mayoría de las ciencias humanas. En la actualidad, entiendo que cada uno vea el mundo desde sus gafas, pero creo que se abre la necesidad de entender que, como bien decía Juanjo Albert (2020) parafraseando a Reich, “el sujeto es cuerpo, emociones y mente y se desarrolla en un medio”, es decir, que funciona todo como una unidad psicosomática. Por tanto, la separación entre individuo y sociedad es un tanto artificial puesto que no se entiende uno sin lo otro. Aquí me refiero sobre todo a la dimensión social y así a las estructuras sociales en las que nos socializamos a través de la educación, la cultura, etc.

Y es que éstas, aquí y ahora para la mayoría de los que leéis esto, son irrevocablemente capitalistas, etnocentristas, eurocentristas… y sobre todo y en lo que aquí respecta, también patriarcales. Esto es que muchos de los introyectos que profesamos tienen su origen en estos grandes modelos/esquemas sociales. Así cuando se repite una y otra vez una misma problemática de mujer en el sillón gestáltico, algo puede hacernos pensar que hay parte de fuera que explica y puede ayudar a posicionarse sobre por qué se repite el mismo patrón, similares conflictos, etc.

Lo que los psicólogos llaman introyectos, es lo que algunos sociólogos, dentro de la sociología del sujeto, sociología reflexiva, se plantean como algo cuestionable, algo sobre lo que tomar conciencia para subvertir el orden y para hacer una sociología comprometida. Y es ahí donde ambas disciplinas convergen. Como bien decía el sociólogo Ibáñez:

Un físico es un trozo de materia que investiga la materia. Un biólogo es un trozo de vida que investiga la vida. Un sociólogo es un trozo de sociedad que investiga la sociedad. Todos son espejos que el universo se pone en el centro”. (Ibañez, 1994).

Para él la clave de la sociología era hacer de la misma una reflexión desde el propio sujeto. Hacer sociología era hacerla desde éste, cuestionarse el orden social desde la propia experiencia cotidiana y vital. Así afirmaba:

El orden social sólo funciona si es inconsciente. La sociedad es un sistema hiperreflexivo, un sistema reflexivo con elementos reflexivos (los individuos)… para que se dejen utilizar es necesario que no sean conscientes de ser utilizados”. (Ibañez, 1994).

En definitiva, que el feminismo, como gran esquema, gran constructo social y político, sería la forma de desvelar el orden social patriarcal, que permite dar las claves al terapeuta para entender que lo que ahí delante se está explicando no son sino formas de dominación que nos hacen funcionar de manera inconsciente para reproducir un orden intencionado.

Es ahí donde creo que la perspectiva sociológica, política, debe ser tenida en cuenta más que nunca desde la terapia psicológica, uniendo estas disciplinas de manera dinámica y holística para abordar la toma de conciencia del ser humano y dotarle de una trascendencia y dimensión sociales. Lo individual, lo privado, es también político, público, no es preciso separar ambas esferas e intentar una adaptación del individuo al medio, intentar una adecuación del sujeto al medio y que el medio siga siendo reproducido, sino que lo que se plantea es la necesidad de revisar el orden social vigente desde la toma de conciencia de los introyectos, de las estructuras sociales, para poder cambiar lo social y que sea menos neurotizante para todos paso a paso. Esto es, aquí donde psicología, sociología y política coinciden y se encuentran, en aras del cambio social desde el acercamiento del sujeto y lo social. Lo personal es político, no son dos ámbitos excluyentes. Es así cuando la psicología adquiere una dimensión política para cuestionar el orden social vigente y proponer el cambio y no la adaptación al medio, la supervivencia en éste, sino el cuestinamiento de lo social y la crítica y así la propuesta de transformación.

Referencias bibliógráficas:

Puedes descargarlo en pdf en este link:

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